Historias esperanzadoras: Lesión de la médula espinal

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Katie Sharify tuvo seis días para decidir: ¿dejaría que su cuerpo quebrantado se convirtiera en territorio experimental para un nuevo enfoque revolucionario – aunque fuera poco probable que le hiciera bien? La pregunta era apenas comprensible. Ella acababa de recobrar la conciencia. La semana anterior había estado en un accidente automovilístico que le había dañado la columna vertebral, dejándola sin sensación del pecho para abajo. En la confusión y emoción de esos primeros días, la familia pensaba que el tratamiento corregiría la médula espinal dañada. Pero ese nunca había sido el objetivo. De hecho, el objetivo era simplemente examinar la seguridad del tratamiento. El malentendido – una cura y luego la inexistencia de una cura – hizo que la muchacha de 23 años de edad pasara de la esperanza a la desesperación. No obstante, ella no podía dejar pasar este enfoque experimental.

Solo días después de enterarse de que nunca más caminaría, que nunca más sabría cuándo su vejiga está llena, que no sentiría si se rompía el tobillo, comenzó a pensar en la próxima niña que podría acostarse en esta cama con una lesión vertebral. Si Katie se retiraba de este enfoque experimental - ¿qué les sucedería a los demás que vinieran después de ella?

Su equipo médico proporcionó un curso intensivo en terapia de células madre para ayudar a que Katie la analizara atentamente. En este caso, el equipo había tomado células madre obtenidas de un embrión de cinco días de vida y las habían convertido en células que apoyaban la comunicación entre el cerebro y el cuerpo. Esas células se trasplantarían a columnas vertebrales lesionadas. Los experimentos iniciales en modelos de animales sugirieron que, una vez en su lugar, estas células podrían ayudar a regenerar el propio tejido neural del paciente. Pero antes de que los científicos pudieran realizar el experimento, debían asegurarse de que la técnica que estaban aplicando fuera segura, utilizando una pequeña cantidad de células, demasiado pocas para generar un beneficio. Y es por eso que querían la ayuda de Katie en este ensayo financiado por el Instituto para la Medicina Regeneradora de California (California Institute for Regenerative Medicine) (CIRM, por sus siglas en inglés). Ellos explicaron los riesgos. Explicaron que era poco probable que ella se beneficiara. Explicaron que ella era solo una etapa del largo camino. Aún así, Katie aceptó participar. Se convirtió en la quinta paciente en lo que se llama un ensayo de Fase I: parte del largo y arduo proceso requerido para ofrecer nuevas terapias a pacientes. Poco tiempo después de que la trataran, se detuvo la inscripción de pacientes para el ensayo por razones financieras.

Eso sucedió hace casi tres años. Desde entonces, ella ha pasado por un programa intensivo de fisioterapia para aumentar su fortaleza. Regresó a la universidad. Trató de esquiar y hacer surf. Aprendió cómo hacer que su vida funcionara en este nuevo cuerpo. Pero mientras reconstruía su vida, se preguntaba si haber participado en el ensayo clínico realmente había resultado ser un aporte significativo.

“Al principio estaba frustrada. Me sentía inútil. ¿Por qué hice esto? ¿Por qué me molesté?" Pero muy pronto comenzó a ver cómo los pequeños avances estaban ayudando a que avanzara la ciencia. Aprendió sobre los grandes desafíos para introducir nuevas terapias. Luego, este año, descubrió que la investigación en la cual había participado se consideraba segura y que estaba por entrar en su próxima fase, gracias a una subvención de $14.3 millones de CIRM para Asterias Biotherapeutics. “Este ha sido mi deseo desde el primer día”, dice Katie.

“Me da mucha esperanza saber que existe una organización a la que le importan estas terapias y que desea impulsarlas, que desea encontrar un tratamiento”, dice ella. “No sé qué haría si pensara que a nadie le importa, que nadie desea tomar ningún riesgo, que nadie desea colocar fondos para descubrir un tratamiento para las lesiones de la médula espinal”.

“Realmente tengo que poder agarrarme de algún rayo de esperanza y, para mí, CIRM es ese rayo de esperanza”.

Para obtener información adicional sobre la investigación sobre lesiones de médula espinal financiada por CIRM, visite nuestra hoja informativa.